martes, 15 de diciembre de 2015

Balas de plata

El Clímax de Daniel Busquets


Este libro se inicia con un texto del autor que antecede a los poemas. Un texto en prosa titulado Coordenadas. El texto se inicia con estas palabras: El clímax despliega una trama de adicciones con voces procedentes de ex toxicómanos, adictos o candidatos a serlo, más o menos enganchados a drogas, alcohol o conductas compulsivas. También aparecen escenarios vacíos o mero fluir de espectros y situaciones. Hacia adelante, Busquets desarrolla brevemente esas coordenadas que sugieren cierta forma de leer este libro. Coordenadas de vuelo, diríamos. No instrucciones. No se trata de dirigir sino de complejizar la lectura, de proponer puntos de vista a la mirada de lector. Como escribe Busquets, aquí: Las coordenadas sitúan. También desorientan.

El clímax despliega una trama de adicciones, dice el autor. Este libro funciona así, como una trama. Como un ejercicio de montaje más que como el desarrollo de un argumento o de una fábula. Un texto coral, polifónico, que se despliega mediante la yuxtaposición de las voces y las imágenes. El mismo autor ha llamado la atención sobre esta tesitura múltiple y politonal en que fue escrito este libro: Cuánto más variada la combinatoria, mejor para el desarrollo de la intriga. El clímax es un libro coral, con múltiples voces y momentos esenciales, que vertebra una dinámica compleja entre placer y dolor.

Placer y dolor. La adicción como la dinámica compleja, la tensión permanente entre uno y otro. Dice a este respecto el autor: Las adicciones contemporáneas revelan muchas cosas. (…) Son vías de fuga, de autodefensa, trampas dramáticas a menudo peligrosas. (…) Tal vez las adicciones protegen de algo peor, quizás preludian una toxicomanía del todo programada. En cualquier caso, ya forman parte del paisaje de una comunidad a la vez hedonista y puritana. Asimismo muy cínica. Las adicciones como vías de autodefensa, como formas de protección o puertas de escape. El clímax, comprendido como un remedio o como un alivio. El placer, su búsqueda y su consecución, definido en términos muy cercanos a los de William Burroghs, seguramente uno de los investigadores más profundos de estas interzonas. Escribe Burroughs: Tal vez todo placer es alivio y podría ser expresado por una formula básica. El placer tendría que ser proporcional a la incomodidad o tensión del cual es un alivio. 

Desde otro ángulo, tal como expresa el autor, estos textos, esta galería de imágenes de la adicción, son también la metáfora de una situación política y cultural. Las adicciones revelan, ponen al descubierto la trama invisible en que transcurren nuestros días. La trama invisible de la sociedad espectacular. La sociedad donde, cotidianamente, presenciamos y sufrimos la degradación del ser en el tener, y del tener en el parecer, tal como escribiera Guy Debord.

Dice Busquets respecto a esto último en el texto introductorio: Quizás El clímax sea otro show con observador pasivo y cámara oculta, ya que no deja de actuar como un simulacro dentro del simulacro. Los omnipresentes dispositivos tecnológico – mediáticos recrean un flujo hiperreal incesante de imágenes, signos y productos sometidos a la lógica de la mercancía y la estetización. Un libro que actúa como un simulacro dentro del simulacro, escribe el autor. Que funciona como una cámara oculta que nos muestra justamente eso que el espectáculo se encarga de hacernos invisible: la vida real. La realidad sepultada por ese flujo hiperreal incesante de imágenes, signos y productos sometidos a la lógica de la mercancía como dice Busquets. Vivimos, sobrevivimos, en ese mundo. Nuestra vida transcurre en los terrenos ficticios del simulacro. De eso habla este libro. De cómo el poder nos hace dependientes, como el adicto a la droga, como el consumidor a la mercancía, de su verdad. En eso radica justamente, según Baudrllard, la naturaleza profunda del simulacro: El simulacro no es lo que oculta la verdad. Es la verdad la que oculta que no hay verdad. El simulacro es verdadero.

El simulacro está en nosotros, corre por nuestras venas. El placer de las drogas para un adicto es el alivio del estado de la necesidad de drogas dice Burroughs. Todos, en alguna medida, somos adictos. Todos buscamos o necesitamos el alivio. Todos estamos atrapados en esa trampa dramática de que habla Busquets. La trampa que, en lugar de la vida verdadera, suplantándola, nos ofrece una vida no vivida. La sobrevida del adicto. Su deambular por esos escenarios vacíos o mero fluir de espectros que dibujan el paisaje desolado de este libro. 

Termino con estos versos, el poema se llama Tal vez: El francotirador/ se inyectaría lluvia/barro o detergente. Le quedan tan solo/sedantes, whisky, /munición de plata/y tal vez puntería. Tal vez eso sea lo único que nos queda. Transformarnos en francotiradores. Afinar la puntería y dispararle al adicto que llevamos dentro. Hacerlo con balas de plata. Las únicas eficaces para matar a los monstruos, los vampiros, los hombres lobo. 

Valparaíso. Noviembre de 2015

El Climax
Daniel Busquets
Poesía
Editorial Desbordes 2015








lunes, 7 de diciembre de 2015

Romper la ley

Las leyes de la Herencia de Leonardo Videla



En su libertad extrema está el secreto de este libro certero, cálido y provocador, escribe Alejandro Zambra en la breve contratapa de este libro. Estoy de acuerdo. Si la ley es aquello que no puede o no debe transgredirse, este libro ensaya formas de libertad que podrían leerse desde planos bien diversos. Estos breves apuntes van a eso. Al ejercicio de libertad que propone este libro.

Las leyes de la Herencia habla, entre otras cosas, de la escritura. De esa experiencia extraña para estos tiempos pero a la que muchos, aún sabiendo perfectamente de su inutilidad, le han dedicado la vida entera. Sin embargo, la escritura es aquí, más que un tópico, una experiencia que se expresa en la propia factura de este texto. En su tentativa por vulnerar las convenciones de lo que se entiende por narrativa, un libro de relatos en este caso. Su estructura, sus materiales y estrategias de construcción, responden más bien a una tesitura poética. Lo importante aquí no es un argumento ni unos personajes. Sino más bien, la creación de un ámbito metafórico que se articula en el montaje de escenas muy disímiles en cuanto a tiempo y lugar.

En un juego de espejos, meta literatura diríamos, el libro incluye varias referencias a sí mismo. La existencia de un conjunto de relatos titulado Las leyes de la Herencia es referida en varios pasajes de este libro. Escribe Videla en el texto Camila, mi sobrina de 14, me cuenta desde Chile que ganó un concurso de cuentos: Les pondré un título de fantasía: “Las leyes de la Herencia”, por ejemplo. Alternaré, tratando de recobrar de ese modo higiénico, fragmentos autobiográficos con relatos improbables, de ciencia ficción o policiales o góticos. Un título de fantasía. Alternancia de relatos improbables. Videla ofrece al lector una clave respecto de su libro. Lo que el lector encontrará en estas páginas es un relato que, lejos de cualquier linealidad, se despliega a la manera de un collage. Que exige al lector un ojo más cercano al cine que a la narrativa decimonónica. Que pide al lector la astucia del desmontaje.

Un último apunte respecto a la forma de este libro, en el entendido de que la forma, tal como escribió Robert Creeley, es una extensión del contenido. Escribe Videla en el texto Días de 2012. Las leyes de la Herencia: Pues si bien es cierto que en “Las leyes de la Herencia” el factor esencial no es ni la periodicidad ni la recurrencia, hay una regularidad y simetría que solidarizan con la coralidad y la vinculación orgánica de las partes. Ni la periodicidad ni la recurrencia. Si la coralidad de que habla este fragmento se verifica con fuerza en este libro es, en mi opinión, respecto a su trabajo con el tiempo. O mejor, en la manera como hilvana temporalidades lejanas dibujando un único arco que reúne e integra estos relatos. 

Aquí, la escena de un escriba en el antiguo templo de Tebas puede convivir con otra escena datada en el reciente año 2013. La regularidad y la simetría responden a una comprensión compleja y abierta de la literatura. A la exploración de sus posibilidades de poner en relación aquello que parece distante o inconciliable. Una comprensión del tiempo que encuentro también en estos versos de otro libro de Videla, el poema se llama La economía de los muertos: cuando seamos maestros, me digo en estos días agobiantes de calor, gobernaremos a nuestro antojo las reglas del tiempo// Pero sólo si el tiempo se recupera con habilidad/ encontraremos que las dos partes coinciden al final del Verano. A eso juega este libro. A desarrollar la difícil habilidad de recuperar el tiempo. De metaforizar su trama intrincada e inabarcable.

Pero de qué habla este libro. Cuál es la ley y cuál es la herencia. 

Desde cierto ángulo, este libro intenta un relato personal, subjetivo, de la historia de este país luego de los largos años de la dictadura cívico militar. Llamemos a esta época postdictadura, ya completamente refutada por los hechos una supuesta transición a la democracia. Transición a la plutocracia, más bien, si atendemos al poder omnímodo del dinero en todas las dimensiones de su vida cotidiana y civil. Termino con algunas notas breves sobre este aspecto. 

La dictadura como educación sentimental. Videla, como tantos, como yo mismo, es parte de la generación que creció dentro de la dictadura. Que aprendió y escribió sus primeras letras, la rudeza de unas canciones punk en el caso de este libro, en esos años de violencia y miedo, o en los años inmediatamente posteriores. La escritura es nuevamente la metáfora de esa marca que los niños o los adolescentes que fuimos llevamos a fuego y que aún escuece como una cicatriz que no quiere cerrar del todo. Escribe Videla en el texto Días de 1993: Hasta entonces, para mí la poesía era algo que se decía entre dientes, de preferencia mirándose las puntas gastadas de los zapatos escolares, y cuyo único resultado era que al otro día, cuando llegara el momento de pasar lista, a las infaltables ecolalias se sumarían otras rimas que pondrían en entredicho mi valor como postulante a macho latinoamericano. No sólo la poesía se decía entre dientes en aquélla época. Los años de plomo. Tampoco en los que siguieron, los años de la decepción. El bulling al poeta cachorro puede leerse como la expresión plausible de una sociedad que funcionó por años y sigue funcionando, día a día, sobre el principio del abuso y la humillación. Que nos transmitió, como socialización primaria, el peso de esa herencia.

Pero estamos en 2001 y ésta es una época donde la “carrera” importa cada vez menos. Una época donde lo que empieza a cobrar valor es la capacidad de ver oportunidades en los entuertos. // Pero estamos en el 2010 y ésta es una época donde cruzar los dedos no sirve de nada. Ésta es una época donde el dinero atrae al dinero. Donde la violencia llama a la violencia. Monto dos fragmentos del texto Días de 2008 que describen muy bien lo que podríamos llamar el espíritu de la época. La lenta mutación antropológica, como diría Pasolini, que ha convertido a este país en un lugar ya casi inhabitable. Que ha consolidado una forma de vida basada en su colonización, ya casi absoluta, por la saturación programada de las imágenes vacías y los rituales del consumo.

Una libertad extrema, decía Zambra. En efecto, este libro es un ejercicio personal y literario que busca descifrar ciertas claves de un tiempo sombrío, el nuestro. A ese trabajo de comprensión apuesta sus letras Las leyes de la Herencia. Una comprensión personal y política, subjetiva y generacional, que aún se encuentra en proceso. Una comprensión imprescindible para romper la ley. Para aliviarnos, aunque sea un poco, de la herencia negra que llevamos sobre los hombros.


Valparaíso. Diciembre de 2015. 

Las leyes de la Herencia.
Leonardo Videla
Narrativa.
Das Kapital. 2015





viernes, 27 de noviembre de 2015

Gabriela Mistral fuera de la hornacina


Inicio estas líneas con un fragmento de las palabras preliminares que abren este libro. Palabras tituladas Asunto de intuición. Escribe Verónica Zondek: Este volumen organiza los poemas que se encuentran en los libros publicados de Gabriela Mistral de un modo distinto a como se ha hecho hasta ahora. Es decir, no sigo el orden cronológico de sus libros publicados. Intento adentrarme en los poemas; en su modo de escribir el conocimiento al que accede; en el orden que le da a las obsesiones que la inquietan. Esta actitud ayuda a leer y a recorrer la materialidad poética intangible y a palpar la obscuridad luminosa de la cual sólo se desprende cuando escribe. Esto, por otra parte, obedece a una mirada personal que se afinca en el «buen abuso» del «quinto sentido», a veces nombrado como «intuición o gracia» 

Un modo distinto de organización de los poemas. Una mirada personal que obedece a los designios de la intuición. Así define Zondek las coordenadas que articulan este libro. Coordenadas que dibujan cierta forma de leer. Cierto ángulo para abordar la poesía mistraliana. Sobre esto tratan los siguientes apuntes breves.

La intuición, Esa forma de comprender, de leer en este caso, que va más allá de la comprensión racional. Una epistemología que opera sobre un plano alterno al de la lógica y sus mecanismos. Una manera de pensar que responde más bien a la sintaxis abierta y generativa de la música, antes que al orden previsible de los axiomas y las demostraciones. Una forma de leer que para Zondek se desprende de la propia poesía mistraliana. De su nostalgia de una lengua común que aunara, en un solo movimiento, música e intuición. A este respecto, se reproduce aquí un fragmento de Acto de obediencia a un ministro, discurso que Mistral pronunciara en Montevideo, en 1938: no sea sino nuestra caída en la expresión racional y anti-rítmica a la cual bajó el género humano y que más nos duele a las mujeres por el gozo que perdimos en la gracia de una lengua de intuición y de música que iba a ser la lengua del género humano. Leer con la intuición es remontar esa caída en el ámbito de lo previsible y lo calculable. Recuperar la gracia perdida de la poesía. Su ritmo.

Verónica Zondek trabajó en el armado de este libro usando la intuición. Una herramienta de conocimiento, como la define ella, que ha usado también en otros trabajos cuya base es la lectura. Me refiero a su labor en el ámbito de la traducción. Traducir poesía es un arte que requiere excelencia de oficio e intuición, escribió al respecto en otra parte. De alguna forma, la construcción de este libro, el ejercicio de remontaje de los poemas de Mistral que implicó su factura, puede entenderse también como una traducción. Una propuesta al lector que es convocado a practicar una lectura posible de estos textos. A seguir un camino entre otros muchos rumbos que se podrían tomar: la responsabilidad principal del traductor de un poema es por cierto tener una idea o intuición, de las muchas posibles, de lo que el autor original intentó comunicar, aunque este mismo no lo supiese a cabalidad cuando escribió el poema. 

Una mirada personal, escribe Zondek. La lectura como mirada subjetiva. La lectura es el arte de construir una memoria personal a partir de experiencias y recuerdos ajenos, dice Piglia. Más que una memoria en este caso, la recreación de estos poemas al disponerlos de una manera inédita, de una manera personal. La elaboración de un texto subjetivo que se articula mediante el reordenamiento, la remezcla de estos textos ajenos. La lectura es aquí el arte de construir, a partir de los poemas de Mistral, ese texto personal. El recorrido de esa mirada.

Un rasgo que se remarca en este libro: la poesía de Mistral como el resultado de una escritura en movimiento permanente, siempre en desarrollo como escribe Zondek: «Poesía en desarrollo», definitivamente. Vida en movimiento. Siempre abierta a más pensamiento, más hondura, más cuestionamiento en torno a los temas que le interesaban. Dinamismo constante de la escritura que se expresa también en el carácter inestable o difícil de fijar que tiene el corpus de su obra. Como se recuerda aquí, los libros que conocemos de Gabriela Mistral fueron compilados por otras personas o entregados por ella como respuesta a requerimientos específicos. Todos sus libros, tanto los editados en vida como los póstumos Poema de Chile y Almácigo, se han ido reeditando con el tiempo pero siempre con correcciones, agregados, variaciones de uno u otro tipo. 

En consecuencia, la poesía de Mistral es todavía un territorio abierto, un corpus que se escapa a cualquier clausura. Como dice Walter Hoefler en el texto que cierra este volumen: nos encontramos con la dificultad de no contar con el libro único que ella escribiera y cerrara en vida. Ese libro, llamémoslo obra completa u obra crítica, todavía no existe. Y más adelante: Su obra todavía es legado, testamento, inéditos, correcciones, versiones, opciones, sin que exista todavía posesión efectiva. Eso que en lenguaje jurídico es asignación de sucesiones, en poesía no lo es; la gran poesía se resiste a lo unívoco, a lo único, es una herencia intestada, abierta a todas las expectativas. Un legado sin posesión efectiva, escribe Hoefler. Una poesía que se resiste a lo unívoco y se abre a todas las expectativas. Esta idea me parece importante. En ella radica el sentido y la intención de este libro. Hacerse cargo de esa apertura, de ese territorio aún inexplorado, en sus múltiples e inagotables posibilidades de lectura, que es la poesía de Mistral. 

Una lectura abierta para una obra abierta. Una forma de leer a Mistral que coincide con la de otros lectores que intentaron hacerlo en la misma clave. Sólo dos referencias. La primera es un texto de Raquel Olea sobre el poema La otra de Lagar, titulado, muy en sintonía con este libro, Otra lectura de La Otra. Dice Olea en ese texto: La lectura es un acto de creación de sentidos, por parte del lector, que consiste en revisar el sentido provisorio de un texto, entendiendo que toda lectura es un acto de provocación. (…) La lectura así comprendida se constituye en otra escritura que propone, transgresoramente, la construcción de otro texto que subyace al texto leído y que lo sostiene. Algo similar podría decirse acerca de este libro. Sobre su tentativa de leer a través de la construcción de otro texto. De provocar desplazamientos y rupturas respecto a la lectura convencional o canónica.

La segunda referencia es Patricio Marchant y ese libro inabarcable y secreto que sigue siendo Sobre árboles y madres. Un fragmento, al inicio del segundo capítulo: Un texto posee múltiples sentidos, sentidos verdaderos, que cada cual lee según esa imaginación de su imaginación, su espíritu, esperando, paciencia, la hora de la gran cosecha: El Espíritu Universal contando, cantando, vendiendo el conjunto de sentidos descubiertos por la humanidad//Cuestión únicamente, pero en eso se juega todo, de una lectura: ¿aprenderemos alguna vez a leer?

Buena pregunta la que hace Marchant: ¿aprenderemos alguna vez a leer a Mistral? Lo que es seguro es que ese aprendizaje necesario solo es posible manteniendo viva, en la proposición de otras lecturas, a su poesía. Ensayando, como hace este libro, nuevos abordajes, distintos puntos de vista. Una lectura abierta para una obra abierta. Ya alertaba Enrique Lihn sobre el peligro de la esclerosis respecto a la poesía de Mistral: Los oficiantes de diferentes cultos tendrían que estrellarse contra ti; pero en ese muro han abierto una hornacina y puesto, cada cual, una imagen inventada de su santa que se te parece, pero no más que un mármol a un cuerpo y tanto como una figura a una sombra. Este libro, la exploración que propone su lectura, contribuye a sacar la poesía de Mistral del enclaustramiento y la inmovilidad de esa hornacina y ponerla a circular entre más y nuevos lectores, entre más y nuevas miradas. Propone leerla, no como se practica una forma de culto, sino como un trabajo de la imaginación. Leerla para reinventar su poesía. No el mármol ni la sombra. Su cuerpo, su figura. 


Valparaíso. Noviembre de 2015.

Mi culpa fue la palabra.
Poesía reunida de Gabriela Mistral
Editada por Verónica Zondek
LOM 2015


sábado, 31 de octubre de 2015

La poesía. La historia. El relámpago.


Metaforizar la Historia han llamado los organizadores a esta mesa de discusión. A propósito de esto, revisando cosas para la escritura de este texto, me encuentro con esta cita de Borges: Quizá la historia universal es la historia de unas cuántas metáforas. Una frase que podría invertirse: Quizá la historia universal es la metáfora de unas cuantas historias. Me gusta más así. La historia universal, la Historia con mayúsculas, como el relato imaginario de una multitud de historias reales, vividas. 

La metáfora, la poesía, como una forma de fijar la experiencia en medio del flujo incesante del tiempo. Son bien conocidas estas palabras de Benjamin: Articular el pasado históricamente no significa reconocerlo «tal y como ha sido». Significa apoderarse de un recuerdo que relampaguea en el instante de un peligro. La poesía como práctica de memoria, como articulación histórica del pasado, enfrenta o es parte de esa situación. Vive en situación de peligro intentando apoderarse de un relámpago.

Lo que sigue son algunas notas, la mención de cuatro referentes que, como autor, me han sido útiles para intentar abordar esta situación y sus problemas derivados. Escrituras que se han constituido como espacios de memoria. Libros en cuyas páginas confluyen la poesía y la historia. 

El poeta como investigador de la Historia. Olson/Sanders


Escribe Charles Olson en un fragmento de Los poemas de Maximus: Yo sería un historiador como Heródoto, buscando/por sí mismo las pruebas de/lo dicho. Olson, que se definía como un historiador (o, más precisamente, como un arqueólogo del amanecer) construye una oposición entre dos clásicos de la historiografía griega. Heródoto versus Tucídides. Me parece pertinente recordarla aquí porque esta oposición metaforiza dos maneras de comprender y hacer historia. Si Tucídides describe la batalla que presenció, Heródoto registra qué reconstrucción de la batalla hizo suya la gente. Le importan más las versiones que haber estado presente en el sitio del suceso. Tucídides es el testigo que habla en primera persona y presenta su versión como la verdad. Heródoto, en cambio, busca la evidencia en los mensajes de los demás, en sus relatos y variantes, aún en aquellos que se ha comprobado son erróneos. Lo que le interesa no es tanto establecer la verdad histórica como registrar los relatos sobre el pasado urdidos y conservados a través de las generaciones. 

Heródoto, al igual que Olson, no es un cronista sino un investigador. Para él la historia no tiene una verdad objetiva sino que es un juego de versiones. La trama subjetiva construida por los hombres respecto a lo que pasó. Desde una perspectiva poética, Olson practica la historia como un ejercicio de interpretación. El objeto de sus investigaciones es justamente ese cúmulo, múltiple y contradictorio, de relatos que los hombres sostienen no porque sean verdaderos sino porque dotan a su experiencia de sentido. El poeta Olson haciendo historia como Heródoto. Buscando por sí mismo las pruebas de lo dicho. 

El poeta como investigador. Poeta, novelista, investigador privado. Así se definía Ed Sanders. Figura del movimiento contracultural norteamericano de los sesentas, publicó en 1976 el texto Poesía Investigativa (Investigative Poetry) Su trabajo es una continua interrogación a la historia cuya mayor empresa es la saga, en varios volúmenes, titulada America. A History in verse. Así define Sanders en su texto del 76 al poeta-investigador y su actividad: El poeta como Investigador/Intérprete del Cielo/Experto del Abismo/Universador Humano/por consecuencia/Profeta sin muerte//Mi proposición es esta: que la poesía, para seguir adelante, en mi perspectiva, tiene que comenzar un viaje hacia la descripción de la realidad histórica.

La Poesía Investigativa, este viaje hacia la historia que propone Sanders, es un trabajo de apropiación y de montaje. Datos, frases, hechos, materiales con los que construye un archivo por la vía del collage. El resultado es un texto que hace historia a la manera de Pound y de Olson. Un relato coral y polifónico cuya escritura exige al poeta abrir su percepción y su escritura a una realidad multiforme. A convertirse en ese intérprete del cielo, en ese experto del abismo que aprende a leer y escribir la historia como se hace con un palimpsesto. 

El poeta como documentalista. Reznikoff/Rukeyser


Trabajar con documentos. Trabajar con evidencias. Reconstruir la historia a partir de unos vestigios rescatados al olvido. Conservados como señales para reconstruir el pasado, para recomponer su imagen y su relato. Desde luego, la referencia al documentalismo se asocia en principio al discurso cinematográfico. Sin embargo, muchos de los principales exponentes de este género se definieron a sí mismos como poetas. Pienso en Dziga Vertov, en Chris Marker o en el chileno Patricio Guzmán. También hay poetas que hicieron el camino inverso. Un camino que se inicia en la poesía y hace del documentalismo una estrategia para potenciar sus capacidades de comprensión de lo real. 

El poeta trabaja en una editorial jurídica de Nueva York. Su nombre es Charles Reznikoff, pertenece al grupo de los objetivistas y ha empezado a trabajar con antiguos expedientes judiciales. Intenta componer un largo poema sobre la historia de Estados Unidos en base a las declaraciones de testigos contenidas en esos viejos expedientes. El resultado será Testimony: The United States 1885-1890 publicado en 1934. Dice Reznikoff a propósito de este libro: En “Testimony” todos los hablantes cuyas palabras empleo ofrecen un testimonio de lo que en realidad les tocó vivir. El testimonio corresponde a lo dicho por un testigo ante el tribunal: no se trata de una declaración de lo que sintieron, sino de aquello que vieron o escucharon. Lo que quería hacer era crear mediante la selección, ordenamiento y el ritmo de las palabras empleadas al modo de un estado o sensación. Bien podría haber escogido cualquier otro período porque las mismas cosas que ocurren hoy ocurrían también en 1885.

Selección, ordenamiento y ritmo, dice Reznikoff. Operar sobre estas fuentes judiciales para restituir el testimonio de gente común y corriente cuyas experiencias, la mayoría signadas por el conflicto o la violencia, dibujan el trayecto de un país y de una época. Las palabras que nombran la realidad que les tocó vivir, extraídas desde esos documentos, dispuestas y editadas por el poeta que oficia aquí de montajista. Un procedimiento similar aplicará después en su libro Holocaust basado en los alegatos y testimonios durante los juicios a los nazis. El epígrafe que introduce los versos de ese libro dice: Lo que sigue está basado en la publicación del gobierno de los Estados Unidos, Juicios de los criminales de guerra ante los tribunales militares de Nuremberg, así como en los registros del juicio a Eichmann en Jerusalén.

Libros de poesía construidos como documentales. La misma poética que practicó Muriel Rukeyser para escribir The Book of the Dead, publicado en 1938. Un libro en que la poeta registró, de cuerpo presente, la tragedia ocurrida en la construcción de una planta hidroeléctrica en Virigina del Oeste, en el puente de Gauley. El drama de cientos de mineros que contrajeron silicosis en las faenas y murieron después en la más completa indefensión. El drama de sus familias y sus comunidades, la voz de las víctimas traspuesta en un libro de poemas. 

La poesía puede extender el documento, escribió alguna vez Rukeyser. Esta idea me parece importante. Si las fuentes documentales pueden servir como base de reconstrucción de la historia, la poesía puede potenciar ese valor a través de lo que le es propio: el trabajo con el lenguaje. La poesía puede resaltar la significación de las evidencias y articular con ellas, mediante la escritura y sus procedimientos, nuevas constelaciones de sentido. Maneras más profundas y más extensas de comprender la realidad y sus antecedentes.

Convocado como autor, me pareció oportuno hablar en esta ocasión, aunque sea de forma somera, sobre algunos autores cuya influencia atraviesa mi propio trabajo poético. Sería interesante revisar también autores y textos nacionales, pero es imposible hacerlo aquí sin extenderse demasiado. Lo importante, en cualquier caso, es problematizar cuanto sea posible la relación entre poesía e historia y reflexionar sobre el papel que en ese contexto le cabe al poeta y sus posibles estrategias para abordarla. La pregunta de base podría formularse así: cómo puede hacer Historia la poesía. Cómo, a pesar del peligro, puede apoderarse, aunque sea por un instante, de ese relámpago del que hablaba Benjamin. Ese relámpago que ilumina los recuerdos. 

Metaforizar la historia. Ese es un trabajo para la poesía como lo es todo trabajo de memoria. Más aún en un país como el nuestro, donde domina la amnesia aceptada o inducida. Metaforizar la historia, recrearla, preservarla del olvido. Un trabajo que corresponde a los poetas si como escribió Aldo Pellegrini un poeta es la antena de su tiempo; nadie mejor que él capta lo invisible que circula por una época, y nadie lo revela mejor a los otros hombres.

Valparaíso. Octubre de 2015

Leído en el III Seminario de estudiantes: Degradación y resistencia: espacios de la poesía en el siglo XXI /Instituto de Literatura y Ciencias del Lenguaje. PUCV


jueves, 22 de octubre de 2015

El Circo en llamas/Seminario de Crítica Literaria. 

Palabras de apertura


El Seminario de crítica literaria El Circo en llamas quiere ser un espacio para el diálogo y la discusión sobre las condiciones actuales del quehacer crítico nacional, sus tendencias y proyecciones. Para ello han sido convocados algunos de sus mejores exponentes. Aquellos que siguen con ojo atento y se hacen cargo tanto de los textos de nuestra producción literaria actual como del rastreo de sus antecedentes en nuestra tradición. Los lugares desde los cuales ejercen su oficio son múltiples y estarán representados en este encuentro: medios de comunicación, universidades y medios alternativos. El Circo en llamas es una invitación abierta a participar en esta conversación. Una conversación con aquellos que se ocupan de hacer leer. De propiciar el encuentro entre los libros y los lectores. 

Ese es el texto de convocatoria para este seminario. Estas palabras, cuya primera finalidad es darles la bienvenida, me dan la oportunidad de agregar un par de comentarios a esta breve declaración de intenciones.

El Circo en llamas le pusimos a este encuentro. Una referencia, desde luego, a Enrique Lihn y a su forma de comprender y practicar la crítica literaria y cultural como una actividad cuyo trabajo es la crítica radical de la vida. Sin embargo, este nombre alude también a la situación en que el quehacer crítico tiene lugar en nuestro país. A la escases de espacios y a la precariedad de medios. A la dificultad de ejercer esta práctica de creación y pensamiento que es la crítica en un país como este. Uno de los países donde leer es más caro en el mundo. Donde los niños no leen o no entienden lo que leen si es que llegan a hacerlo abandonando por un rato la televisión o la consola de juego. Un país que no parece recuperarse de esa historia larga de aniquilación cultural de libros y lectores que se inició con las piras en las calles al inicio de la dictadura y ha continuado después. Ahora que el dinero le ha impuesto, ya casi del todo, sus términos y su lógica a la cultura. El circo hace un buen tiempo que está en llamas, podríamos decir. 

En este contexto, se hace más urgente propiciar el intercambio y el diálogo respecto a una actividad que, a pesar de todo, no solo subsiste sino que parece crecer y desplegarse en ámbitos cada vez más diversos. Este seminario busca establecer una lectura y abrir un diálogo sobre estas experiencias de reflexión y escritura. Establecer colectivamente cierto estado de situación. A propósito, leo esto en una entrevista al crítico español Ignacio Echeverría: Si el estado de la crítica constituye un problema, la voluntad de resolverlo pasa por diagnosticar primero y cuestionar después las condiciones de todo orden —incluidas, por supuesto, las materiales— en que esa crítica se realiza, para a continuación preguntarse cuáles son las posibilidades de cambiarlas y las razones para hacerlo. Y es que hablar del estado de la crítica carece de sentido si no se precisa con anterioridad qué funciones le cumple desempeñar, a qué intereses obedece, a qué necesidades responde. Diagnosticar primero y cuestionar después, dice Echeverría. Me parece una buena forma de ponerlo. Hacer la crítica de la crítica. Reflexionar sobre las condiciones y las posibilidades del propio quehacer. Este seminario quiere ser un espacio para eso. Para ese diálogo necesario, para esa voluntad de comunicación. 


Valparaíso. Octubre de 2015



martes, 1 de septiembre de 2015

Sobre Visión Periférica. Ejercicios Críticos.


La instancia crítica es para mí inmanente a la literatura. Crítica de la sociedad, crítica de la cultura y, en último término, crítica de la realidad. No hago de la crítica un tema literario, porque creo que un cierto modo de hacer literatura, al que aspiro, es de por sí una acción crítica. Estas palabras de Enrique Lihn, recogidas en el texto más antiguo de esta compilación, definen una manera de comprender y practicar la escritura crítica que ha sido para mí una referencia y un desafío. Desde luego, la omnipresencia de Lihn en estas páginas lo demuestra y es, en alguna medida, un homenaje a quien considero uno de los críticos más lúcidos y profundos de nuestra historia cultural. A la manera de Lihn, estos textos quieren ser, antes que nada, un acceso a la realidad, una crítica de la vida, otra forma de la literatura.

Este libro podría leerse también, siguiendo a Ricardo Piglia, como una autobiografía o una historia personal de cierta literatura. En mi caso, de un sector de la tradición literaria chilena asociado a nombres como Manuel Rojas, Carlos Droguett, Alfonso Alcalde, Rodrigo Lira o Gonzalo Millán. O a la poesía civil de José Ángel Cuevas, muy presente también en estas páginas. O a la narrativa política de Ramón Díaz Eterovic. Ambos son autores con quienes mantengo una relación ya antigua de diálogo y amistad que valoro y agradezco.

Desde otro punto de vista, este libro establece un itinerario de lecturas sobre parte de la producción poética y narrativa de los últimos años. Una parte muy acotada si pienso en los muchos libros sobre los cuales no supe o no pude escribir. Mi intención nunca ha sido exhaustiva ni canónica, en cualquier caso. Estos textos son más bien el resultado parcial de una investigación crítica que busca establecer problemas e identificar relaciones. Construir un relato en base al montaje de estos comentarios sobre textos que, me parece, tienen un rasgo en común: abrir, mover, tensionar. Generar más literatura.

La crítica es por definición una actividad pública. Situación harto difícil en un país sin prensa independiente, donde la circulación de las ideas y los textos ha sido severamente restringida por el monopolio mediático de las últimas décadas. Aprovecho de agradecer su complicidad a los proyectos editoriales donde la mayoría
de estos textos fueron publicados. Las revistas La Calabaza del Diablo y Lanzallamas, el sitio web Proyecto Patrimonio, entre otros. Lugares donde ha sido posible leer, ejercer el oficio de la crítica desde ángulos a menudo ignorados o excluidos. Creo que la invención y el esfuerzo por sostener esos lugares, ha sido fundamental para la emergencia de nuevas miradas y discursos alternativos.

Visión Periférica. Lo que se ve por el rabillo mientras se mira hacia adelante. La habilidad de reconocer áreas del campo visual que están alrededor del objeto sobre el cual se fija la atención. Especialmente sensible a los desplazamientos, su función es justamente detectar el movimiento. Lo que sigue fue escrito para ejercitar esa habilidad. Para ensanchar la visión y volver más ágil el ojo del lector. Así como la vida cotidiana, la Historia verdadera, no está hecha de efemérides, la literatura tampoco está exclusivamente en la soledad de las cumbres. Las cumbres son para los andinistas y los profetas, como dice Millán. Lo que importa son los valles, los espacios donde realmente habitamos. Donde, día a día, escribimos y leemos. Tal vez el principal trabajo de la crítica sea ese entrenamiento permanente del ojo. Esa capacidad de ver, con el rabillo, lo que se mueve en el lenguaje y lo mantiene vivo.

Visión Periférica
Jaime Pinos
Ensayo
Das Kapital Ediciones. 2015